Generación del 27: Etapas Poéticas y Estilo de Federico García Lorca
Classificado em Espanhol
Escrito em em
português com um tamanho de 3,99 KB
Segunda etapa (1929-1936)
En Poeta en Nueva York (1930), Lorca da expresión a la deshumanización, la injusticia y el materialismo que rigen la sociedad capitalista. La obra muestra las contradicciones del mundo contemporáneo y una influencia más intensa de las técnicas surrealistas. La gran ciudad devora al ser humano, condenándolo a la soledad y a la incomunicación, y destruye cualquier vestigio de la inocencia de la niñez.
En este escenario de pobreza y degradación se yerguen aún figuras humanizadas, como la población negra y los niños.
En Diván del Tamarit (1931) y los Sonetos del amor oscuro (1936), el tema es el amor imposible, vinculado al fracaso y a la muerte, debido al rechazo de la sociedad hacia la homosexualidad, como en el caso de Luis Cernuda.
En esta etapa compone también una elegía, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1934), homenaje a un amigo torero fallecido trágicamente, en el que vuelve a formas métricas más tradicionales para expresar su profundo dolor.
Estilo
Su obra se caracteriza por una original fusión de lo culto y lo popular (metros tradicionales, verso libre, etc.), a los que dota de una personal musicalidad. Además, es creador de símbolos de gran hondura expresiva, como la luna, la sangre, el agua detenida, el caballo o los colores, que representan valores como el deseo, el misterio o la muerte. Destaca también por el poder sugerente y evocador de sus imágenes y metáforas, cargadas de misteriosas asociaciones.
Etapas de la Generación del 27
La trayectoria de estos poetas presenta, en general, algunos puntos comunes.
Etapa inicial: poesía pura y primeras vanguardias (1920-1929)
Es la etapa de juventud, de tanteos e inquietudes en la creación poética, que coincide con el esplendor de las vanguardias. En esta primera etapa se muestran interesados por la poesía depurada de Juan Ramón Jiménez. Por ello, en estos años, los poetas del 27 cultivaron una poesía pura, aunque cada uno con matices personalísimos: Salinas hace uso de una poesía intelectualizada e ingeniosa; Alonso mezcla el clasicismo, el gongorismo y el humorismo; Guillén cultiva una poesía depurada que busca lo esencial bajo las apariencias de lo concreto; Alexandre y Cernuda, en sus obras más surrealistas, buscan la realidad más profunda.
Este periodo coincide también con la gran admiración que sentían por Góngora, cuya obra encaja con sus ideales de precisión lingüística y perfección técnica. Ahora bien, los poetas del 27 tienden a poner límites a este ideal de pureza y perfección: la poesía no puede ser tan intelectual que se aleje de las inquietudes humanas.
Etapa de apogeo: la influencia del surrealismo y la rehumanización lírica (1929-1936)
Los ideales que habían impulsado su creación literaria sufren una evolución a partir de 1929, coincidiendo con la influencia que estaba ejerciendo el surrealismo, que implicaba una revalorización del subconsciente y de la intuición, y también un paso fundamental en el camino hacia la rehumanización de la poesía. El interés que despertó esta vanguardia supuso, por lo tanto, un cierto alejamiento de los preceptos de la poesía pura. Además, a la introducción de esta nueva corriente literaria se le debe añadir el hecho de que en esta época varios de los escritores del grupo sufren fuertes crisis de personalidad que implican cambios en su manera de concebir la escritura.
A partir de entonces prevalecerá una concepción de la poesía como instrumento de comunicación y de reforma moral de la sociedad. En este momento la poesía acoge sentimientos personales y atiende a los problemas de su tiempo, que a la larga desencadenaron en la Guerra Civil. En este proceso de rehumanización y politización de la poesía no puede olvidarse la influencia que tuvo la llegada, en 1935, de Pablo Neruda, que funda Caballo Verde para la Poesía y que apoya una nueva escritura humana y apasionada.