La Alemania de la República de Weimar (1918-1923)
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La Alemania de la República de Weimar
Situación revolucionaria: los consejos de obreros y soldados se extienden. Los espartaquistas forman el KPD (Partido Comunista Alemán).
Gobierno (Ebert y sector revisionista del SPD) intenta controlar los consejos: concede la jornada de 8 horas y convenios colectivos para desmovilizarlos.
Espartaquistas: en contra de la opinión de R. Luxemburgo, creen que la situación está madura para la revolución: huelga general (4 de enero), luchas y barricadas en Berlín (Semana Roja de Berlín), seguidas de una represión brutal del ejército y grupos de soldados desmovilizados (Freikorps), con 1.200 muertos, entre ellos R. Luxemburgo y K. Liebknecht.
Elecciones (19 de enero) tras aplastar la revolución: victoria de la mayoría del SPD, Partido Demócrata y Zentrum católico (Coalición de Weimar).
Ratifican el Tratado de Versalles, lo que genera humillación alemana y la teoría de la “puñalada por la espalda” para los ultranacionalistas. En la ciudad de Weimar se elabora la Constitución: una república parlamentaria democrática federal (apoyada por la Coalición de Weimar, con oposición del KPD y la ultraderecha).
Canciller elegido por el presidente, con respaldo del Reichstag (Parlamento). F. Ebert es elegido primer presidente.
La República se enfrenta a graves problemas
Crisis económica de reconversión agravada por las exigencias de pago de reparaciones de guerra.
Golpe de Estado de Kapp (apoyado por industriales y partidos ultranacionalistas), con el objetivo de imponer una dictadura militar. El golpe es frenado por una oleada de huelgas y una sublevación obrera en el Ruhr (KPD). Ebert usa el ejército para reprimir tanto a los golpistas como al movimiento obrero.
Caos por el clima de inseguridad: crecimiento de organizaciones terroristas de extrema derecha y asesinatos de políticos.
1923: El año terrible
Agravamiento de la crisis económica: cese del pago de reparaciones de guerra, lo que lleva a Francia a ocupar la cuenca del Ruhr.
Huelgas, sabotajes y hundimiento de la economía: paro, desmoralización y un clima de exaltación nacionalista.
La extrema derecha organiza un nuevo golpe de Estado: se subleva el minúsculo Partido Nacionalsocialista. Hitler, Ludendorff y E. Röhm intentan el “Putsch de la cervecería”, que fracasa, al igual que los proyectos de insurrección comunista.